lunes, 09 de agosto de 2010
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Texto: Bernardo Ortiz de Montellano en Arqueología Mexicana. Vol XIII., núm 74, julio-agosto 2005.
Imagen: Códice Florentino, lib X,f,111v



CONDICIONES DE SALUD
Durante millones de años, la defensa esencial contra las enfermedades infecciosas fue el sistema inmunológico natural, y lo fue hasta mediados del siglo XX, cuando se  desarrollaron por primera vez los antibióticos. La aparición del sida nos obligó a recordar la importancia de este sistema inmunológico, incluso cuando hay un avanzado desarrollo de la ciencia médica: la salud pública no depende exclusivamente de dichos avances.
Uno de los sustratos fundamentales de la salud es una dieta adecuada; el consumo de proteínas, sobre todo, se considera fundamental para que exista un sistema de defensas adecuado. La dieta azteca, como lo he señalado en ocasiones anteriores (Medicina, nutrición y salud aztecas), era bastante buena. Las más recientes investigaciones sobre los mayas contradicen la hipótesis de que durante el
La salud de una sociedad depende de su alimentación, de la asistencia pública y de sus conocimientos médicos. Sin embargo, para un mejor entendimiento de la medicina mesoamericana se debe conocer su cosmovisión, para comprender tanto las causas sobrenaturales como las naturales de las enfermedades que aquejaban a la población.
Entre los aztecas, el medio principal para el tratamiento de enfermedades y heridas fueron las plantas, de cuyos efectos se tenía buen conocimiento.
Clásico Tardío hubo una mala alimentación en general; la estatura promedio de los mayas ha disminuido, sobre todo, a partir de los últimos 500 años. Un segundo requisito para una buena salud son servicios públicos adecuados, que incluyen agua potable, drenaje e higiene pública y personal. Teotihuacan, varias ciudades mayas y Tenochtitlan tuvieron agua potable y drenaje. Los habitantes de Tenochtitlan recolectaban la basura y lavaban sus calles diariamente. La higiene personal también era muy importante, como muestran las referencias a la higiene en el Códice Badiana y las recetas para jabón, desodorantes, dentífricos y productos para refrescar el aliento ahí mencionadas. En Mesoamérica no hubo epidemias de enfermedades infecciosas asociadas al ganado, como la viruela y el sarampión, aunque tenemos información sobre epidemias cíe disentería, influenza y neumonía, reumatismo, artritis y tuberculosis. Una muestra de la salud en Mesoamérica es que su esperanza de vida fue de 37 ± 3 años, que sobrepasa el promedio que Francia en 1800 que era alrededor de 29 años.

TlPOS DE SISTEMAS MÉDICOS
George Foster y Barbara Anclerson (Medical Anthropology) consideran que hay sistemas médicos que comparten características universales. Los autores creen que los sistemas médicos comparten medidas preventivas y curativas que son parte integral de las culturas. La enfermedad se define culturalmente y es usada para ejercer control sobre la sociedad. De acuerdo con Foster y Anclerson, hay dos graneles sistemas médicos no occidentales: el sistema personalista y el naturalista. Los sistemas médicos personalistas consideran que las enfermedades son causadas intencional-mente por algún agente que puede ser sobrenatural (dios), alguna entidad no humana (fantasma, espíritu malévolo o ancestro) o alguna persona (brujo o hechicero). En los sistemas naturalistas, la enfermedad se atribuye a causas naturales. Estos sistemas explican la enfermedad como una perdida del equilibrio del paciente, ya sea en su interior o respecto a su entorno social o natural. Foster y Anderson opinan que aunque ambos sistemas no se excluyen, uno de los dos será el predominante según la cultura. Si bien este modelo puede resultarnos útil en el análisis cíe la medicina mesoamericana, debemos aplicarlo con cautela; no podemos incluir la medicina mesoamericana en ninguno cíe los modelos sin reticencias; más aún, como veremos, hay un rango importante de enfermedades causadas por fuerzas anímicas que no fueron contempladas por los autores en sus modelos.
Podríamos analizar y estudiar los sistemas médicos desde una tercera postura: atendiendo a la forma de curación, que prescribe un remedio atendiendo a una presunta etiología. Por ejemplo: si un azteca atribuía la infección de ojos a las acciones de Xipe-Tótec, el remedio era comprometerse a usar la piel del desollado durante la fiesta de tlacaliliztli. Si un dolor era causado por objetos pequeños introducidos bajo la piel por un chamán, esto tendría que curarlo otro chamán, que debía chupar los objetos dañinos. Las fiebres, en cambio, que los aztecas atribuían a flema "caliente" en el pecho, debían expulsarse mediante una diaforesis, el vómito o la diuresis.

COSMOVISIÓN
Alfredo López Austin ha demostrado que en Mesoamérica hubo una cosmovisión común, con una amplia gama de temas ideológicos, que persistió durante miles cíe años antes cíe la llegada de los españoles y en un vasto territorio, que abarcaba desde el Norte cíe México hasta El Salvador. Un buen número de estas creencias fundamentales son importantes para analizar y entender la salud y la enfermedad en Mesoamérica. Algunos ejemplos serían la división del mundo en pares complementarios (tierra/cielo, frío/caliente, macho/hembra, etc.); el animismo; la visión del cuerpo humano como un microcosmos que refleja el universo; las creaciones cíclicas; un sustrato chamánico (que si bien generalmente sólo se encuentra en las sociedades cazadoras-recolectoras persistió en las sociedades estatales mesoamericanas), la creencia en un universo tripartita conformado por el cielo, la tierra y el inframundo, así como la comunicación con los tres niveles mediante estados de trance obtenidos con la ingestión cíe alucinógenos; la existencia de fuerzas anímicas en el cuerpo humano.

Mesoamérica posee también un calendario común, que se caracteriza por la combinación cíe un ciclo sagrado de 260 días con un calendario solar de 365. Este calendario ejercía influencia sobre los seres del universo regulando el flujo de las fuerzas anímicas del mundo superior hacia la tierra, a través cíe un centro (axis mundi) y cuatro puntos cardinales. Se sabe que el chamanismo, el calendario y el árbol del mundo se remontan hasta los olmecas del Preclásico; pero la información más amplia y precisa sobre las prácticas y creencias médicas provienen de los aztecas, cuyas creencias se extrapolan con frecuencia hacia otras sociedades mesoamericanas. A pesar de sus peculiaridades espaciales y temporales, nos parece que la medicina azteca es un buen ejemplo de la medicina mesoamericana. Otros artículos de esta misma revista se ocuparán detalladamente de algunos cíe estos aspectos que aquí apuntaremos solamente.
Algunas características fundamentales de la visión del mundo mesoamericano no corresponden al esquema cíe Foster y Anderson. La creencia en fuerzas anímicas como motor esencial para el funcionamiento de los hombres y el universo proviene cíe un fondo chamánico mesoamericano poco usual. El tonalli, fuerza anímica relacionada con el Sol y el calor -si atendemos a su raíz tona, "calor"-, se concentraba en la coronilla. El tonalli desempeñe') un papel complejo, que no podemos agotar en este texto; permitía el crecimiento y la vitalidad de los hombres, y su ausencia causaba enfermedad y hasta la muerte. En términos naturalistas, el tonalli era la clave para conservar el balance y el equilibrio. El buen desempeño de un cargo, sobre todo el de una autoridad o un noble, por ejemplo, fortalecía su tonalli; la vida sexual precoz o excesiva lo mermaban y provocaba enfermedad. Así, el cuerpo humano era rehén de una fuerza impersonal y no era necesaria la intervención divina para imponer a los hombres la conducta deseable. Si usamos la definición personalista de Foster y Anderson, los dioses podrían afectar a las personas mediante el tonalli.

El calendario encarnaba un mecanismo importante de destino-fuerzas-tiempo, como lo llama López Austin, puesto que una deidad particular regía sobre cada una de las unidades de tiempo calendáricas. El calendario regulaba la naturaleza y cantidad de fuerza anímica que descendía a la Tierra, como dijimos, e influía en las personas y demás seres. El tipo cíe influencia dependía de quién fuera el rector de una unidad temporal determinada. Este destino del individuo dependía del signo del día cíe su nacimiento, que era establecido por las fuerzas anímicas que regían sobre ese día. Si bien el destino implicaba una predisposición en el individuo, el resultado dependía de su comportamiento personal a lo largo de la vicia. Gran parte de estos signos se referían a la salud: entre los mayas, Lina persona nacida en días era enfermiza; los nacidos en 7'quauhtli, según los aztecas, tendrían corazones débiles. Una segunda fuerza anímica era el teyolía, ubicado en el corazón. Al dañar el teyolía y afectar el corazón sobrevenía la enfermedad o la locura. El teyolía corresponde al concepto cristiano de alma, que va al "más allá" tras la muerte. El destino particular del teyolía depende sobre todo de la forma en que murió el individuo. El ihíyotl es una tercera fuerza anímica localizada en el hígado. Los brujos nanahualtin podían enviar su ihíyotl a voluntad contra otros para dañarlos; las transgresiones sexuales también podían alterar el hígado de los infractores, hacían salir su ihíyotl y dañaban a las personas u objetos con los que se topaban. Éste es otro ejemplo del control social impersonal.

ELEMENTOS NATURALES
Un valor presente y esencial de las visiones del mundo mesoamericanas fue el concepto cíe moderación y de equilibrio entre tocias las cosas, ya fuera sexo, comportamiento o trabajo. Una buena vida dependía, en última instancia, de la búsqueda cíe un "término medio". El precepto se expresa en algunas. "pláticas de ancianos", como éste, que encontramos en el Códice: "Vivimos sobre la tierra, viajamos hacia el abismo. Un abismo se abre acá, otro abismo se abre allá. De inclinarte hacia una parte o inclinarte hacia la otra, caerás. Sólo por el medio ha de irse, así ha cíe vivirse".

Como en otros sistemas médicos, e! concepto de equilibrio implica la conservación de la salud o es causa de enfermedad. Las normas esenciales eran el equilibrio, la moderación y el cumplimiento del deber. La salud es equilibrio y la enfermedad es desequilibrio. Debía mantenerse un equilibrio físico y un equilibrio respecto a la sociedad y a los dioses. El control social se obtenía tomando al cuerpo como rehén y castigando las desviaciones con enfermedades. Dicho castigo no requería la intervención directa de brujos, espíritus o dioses, pues era consecuencia mecánica y automática cíe las propiedades y características de las fuerzas anímicas antes descritas. Para tener un cuerpo equilibrado era esencial la moderación en la dieta, el ejercicio y un comportamiento adecuado. El trabajo y el cansancio creaban un desequilibrio de varias maneras, sobre todo mediante un sobrecalentamiento del tonal la persona.

Los aztecas fueron agudos y acuciosos observadores cíe la naturaleza. Además de remedios relacionados con la magia u obtenidos mediante el favor de los dioses, conocieron gran número cíe plantas medicinales. Su tratamiento de las heridas superaba en mucho al usado por los europeos en tiempos de la Conquista: su cirugía en i bastante adecuada, si bien compartía las mismas carencias que la cíe los europeos: la imposibilidad cíe operar órganos internos sin causar infecciones fatales. Trataban fracturas, drenaban abscesos y practicaban formas menores cíe cirugía plástica.

ELEMENTOS PERSONALISTAS
Según la etiología mesoamericana. La enfermedad era provocada por una gran diversidad de agentes. La enumeración que sigue no es exhaustiva, pero es representativa cíe las diversas causas: los dioses podían castigara la gente causando epidemias. Tezcatlipoca era el principal propagador cíe enfermedades entre los aztecas. La diosa de la Luna, según el Códice de Óresele, se asocia al glifo k'och("pecado" o "castigo"): era ella quien traía a la Tierra las epidemias. Las deidades que forman el complejo cíe "dioses del agua", como Tláloc, mataban a ciertas personas para que se convirtieran en sus mensajeros y ayudantes. Este destino era señalado por la forma cíe morir: ahogarse, ser tocado por rayo, morir cíe algún mal asociado con el agua, como la hidropesía. Los remedios contra las enfermedades infringidas por los dioses eran la confesión, la ofrenda a las deidades correspondientes o la expiación. Las mujeres muertas cíe parto -las cihuateteo, "diosas femeninas"- bajaban a la Tierra en días asociados al poniente para causar ataques convulsivos a los niños. Un buen número de espíritus (chaneques, etc.) habitaban en cuevas, surtidores, ríos y lagos, y enfermaban a quienes se acercaban a ellos. Había también un conjunto variado de brujos y hechiceros genéricamente llamados tlacük'cólotl, "hombres lechuza", cuyo nombre es adecuado, puesto que el tecolote fue uno cíe los símbolos del inframundo. Estos brujos causaban daño mediante diferentes conjuros: introducían objetos al cuerpo, dejaban males a orillas del camino para que los recogieran los viajeros, enloquecían a las personas sorbiéndoles o exprimiéndoles su teyolía. La enfermedad causada mediante brujería era diagnosticada y tratada a través de1 procedimientos mágicos.

CONCLUSIÓN
La medicina mesoamericana es semejante a otros sistemas médicos no occidentales por sus características personalista naturalista. Sin embargo, la conservación de raíces chamánicas, aun en sociedades estatales, confiere un papel esencial a las fueras anímicas en el ámbito cíe la salud y la enfermedad.


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