Articulo publicado en Selecciones Reader’s Digest. Octubre 2006
Por Andrea Gordon
Ilustracion: Jonathan Godoy
Condensado de The Toronto Star
(l-IV-2005). © 2005 por The Toronto Star Syndicate, de Toronto Canadá
En sus momentos de desazón o ira,
un chico de 15 años sabe bien a dónde ir para sentirse cómodo y seguro: a su
computadora. Así que cuando otro adolescente lo insulta en la escuela, no es
extraño que descargue su furia chateando en la Red con sus amigos, a quienes dice que piensa
atacar con un bolígrafo al otro muchacho.
Al día siguiente la policía acude
a la escuela para investigar, y al final el chico es castigado con una
expulsión temporal. Todo por una amenaza pueril expresada en el ciberespacio.
Ésta es una historia verdadera,
un ejemplo de lo que puede pasar cuando un adolescente impulsivo echa mano de
la tecnología actual. "Si ese chico se hubiera desahogado escribiendo en
un cuaderno, dibujando o golpeando su almohada, nada habría ocurrído”, dice
Lewis Leikin, psicólogo infantil y profesor de la Universidad de Otawa
quien atendió al muchacho poteriormente. "Pero ahora es tan común enviar
mensajes instantáneos, que para él fue lo más natural del mundo”.
Casos como éste cada vez son más
comunes, pues los jovenes se han vuelto dependientes de la tecnología para
comunicarse y descubrir su identidad. Los expertos afirman que Internet es el
medio de socialización de esta época. Pero en ese universo caprichoso que está
moldeando a la nueva generación no hay reglas ni supervisores, asi que tenemos
que tomar previsiones sobre la marcha. ¿Cuál será el resultado a la larga?
"La única respuesta sensata es “Ya veremos", expresa Lee Rainie, director de Pew Internet and American Life Project, un centro de investigación con sede en Washington, D. C., que lleva seis años estudiando el impacto del ciberespacio en la gente. Al igual que otros expertos, Rainie reconoce los beneficios de la tecnología como herramienta de enseñanza e interacción, pero señala que existe inquietud respecto a sus efectos en el desarrollo y la conducta de los jóvenes.
"Si pensáramos 'Así son los
chicos y no hay por qué preocuparse', no estaríamos investigando el
asunto", dice Rainie, quien señala que los jóvenes que hoy tienen 16 años
tenían seis cuando Internet empezó a ocupar un lugar relevante en la vida
diaria, por lo que aún no es posible evaluar el impacto de crecer con esa
tecnología.
Susannah Stern, profesora de
comunicaciones de la
Universidad de San Diego y especialista en cultura juvenil y
uso de Internet, dice que los adolescentes de hoy están en contacto permanente:
hacen planes y los cambian con la misma rapidez con que teclean. En el mundo
virtual colaboran en tareas escolares y ejercicios de escritura creativa, pero
también coquetean, se hostigan y se envían mensajes sexuales explícitos. A
veces se hacen pasar por otras personas.
Muchos tienen blogs (bitácoras en línea) o frecuentan chat rooms para confesar todo lo que se les ocurre.
También adoptan diversas
identidades como forma de exploración personal. Un estudio publicado en marzo
de 2005 por la
Fundación Familiar Henry J. Kaiser reveló que niños y jovenes
obtienen cada vez más información mediante vías múltiples: usan la Red mientras ven televisión, o
hablan por teléfono celular mientra oyen música. Según los investigadores esto
podría crear en ellos un nuevo tipo de inteligencia, pero también afectar su
capacidad de concentración.
El estudio, titulado "Generación
M: los medios electrónicos en niños y adolescentes de entre 8 y 18 años",
muestra que los jóvenes dedican al consumo de información el equivalente a una
jornada de trabajo: casi seis horas y media al día, en promedio. Dos tercios de
ellos usan los mensajes instantáneos, 39 por ciento tienen teléfono celular y uno
de cada tres cuenta con un blog propio.
La comunicación en línea puede
ser un ejercicio creativo para los adolescentes y un desahogo positivo para los
que tienen poca confianza en sí mismos, pues encuentran consuelo al expresarse
en un entorno distinto. “Pero también tiene una faceta negativa”, dice Leikin.
La pantalla es tan seductora como un lienzo en blanco, y el usuario se siente
incitado a llenarla con todo tipo de ocurrencias. Basta con presionar
"Enviar" para que se inicie una comunicación en la que se mezclan
realidad y ficción.
"En Internet la gente dice
cosas que no se atrevería a expresar en un diálogo frente a frente", añade
Leikin “y luego se arrepiente: 'No creí que pudiera herir a nadie’”. ¿Cuántos
están conscientes de que al enviar algo al ciberespacio queda fuera de su
control y se vuelve del dominio público?
En marzo de 2005 ocurrió algo en
Montreal que ejemplifica lo que puede suceder cuando los adolescentes descargan
sus impulsos en la Red. Una
estudiante de secundaria de 14 años fue arrestada y acusada de hacer amenazas
de muerte tras haber publicado en una página web una lista de nombres titulada
"Personas que quiero matar". El periódico The Gazette informó que a la muchacha le fue prohibido regresar a
la escuela, salir de casa sin la compañía de sus padres y usar computadoras.
Aunque la policía no encontró pruebas de que la joven representara un peligro,
tuvo que tomar el asunto con seriedad. Los cargos por amenazas de muerte se
redujeron a agravio público (un delito menor) después de que la chica declaró
que sus compañeros la molestaban. Ahora asiste a otra escuela.
"El anonimato y adoptar
distintas identidades siempre han sido parte de la cultura de Internet",
dice Arlette Lefebvre, psiquiatra del Hospital Infantil de Toronto y
especialista en el lenguaje de los medios electrónicos. Y con preocupación
agrega: "El uso de seudónimos alienta a los jóvenes a no hacerse
responsables de sus actos. En el universo virtual no parecen existir
consecuencias".
Aunque Lefebvre admite que la Red puede ser un buen medio de
unión entre adolescentes, con frecuencia atiende a jóvenes que han perdido la
capacidad de distinguir entre la realidad y el fantasioso mundo de Internet y
sus juegos en línea.
Y sobran razones para que les guste pasar tiempo allí. Diane Pacom, profesora de sociología de la Universidad de Ottawa, señala que en esta época en que los padres tratan de evitar que sus hijos salgan al mundo real, el ambiente virtual es un refugio muy atractivo. "Es un terreno extremadamente seductor para niños y adolescentes", afirma. "En Internet experimentan una libertad absoluta, que no pueden disfrutar en su vida diaria. Mientras tanto, la mayoría de los padres permanece ajena a lo que ocurre".
Un proceso penal conocido como
"el juicio Johnathan" (instruido en febrero de 2005), ilustra muy
bien la brecha tecnológica entre generaciones. En él se investigó el brutal
asesinato de un chico de 12 años de Toronto. Una joven de 15 años, que fungió
como testigo del Estado, todos los días publicaba notas sobre el juicio en un blog y revelaba información que no
parecía coincidir con su testimonio. Cuando, después de encontrar datos de la
muchacha en el buscador Google, un joven reportero descubrió las
incongruencias, el juicio fue anulado.
A muchos expertos les preocupan
los efectos de estas comunicaciones instantáneas en la conducta de los
adolescentes. En opinión del psicólogo Bernardo J. Carducci, de la Universidad de Indiana
(campus Southeast), el uso adictivo de los teléfonos celulares y los mensajes
de texto socava el desarrollo del autocontrol y el pensamiento crítico, pues
los muchachos se ponen en contacto con sus amigos todo el tiempo y hacen mil
cosas sin pensarlo dos veces.
"Los jóvenes se acostumbran
a que todo ocurra de inmediato", señala Carducci, "y cuando no es
así, se frustran e impacientan con facilidad; no están dispuestos a solucionar
problemas. Por eso sus relaciones con la gente fracasan, y esta mala
experiencia los lleva a la depresión". El psicólogo añade que los
celulares son los "cordones umbilicales eternos". Al poder
comunicarse al instante con sus padres, los muchachos dejan que decidan por
ellos y así evitan afrontar sus dificultades diarias.
Para Karyn Cordón, terapeuta
familiar de Toronto, el mundo virtual conlleva otro peligro potencial: niños y
adolescentes crecen sin la noción de que existen límites, como la veleidosa
millonaria Paris Hilton. "Toman decisiones en función de lo que los hace
sentir bien en ese momento", señala, "y lo único que les importa
obtener satisfacción inmediata".
Algunos temen que el auge de los
blogs y las cámaras web produzca una generación de narcisistas convencidos de
que todos sus pensamientos merecen ser difundidos. Un indicio de esto es la
infinidad de jovencitas que publican fotos suyas en la Red, algunas en poses
"seductoras". Antes los diarios personales se escondían bajo el
colchón, pero ahora muchos adolescentes se sienten felices de contarle al mundo
quién les rompe el corazón y por qué los regañaron sus padres.
Por supuesto que los muchachos no
tienen culpa de que la división entre lo público y lo privado haya
desaparecido. Ellos tan sólo reflejan lo que sucede en el mundo adulto, donde
ventilar los secretos más íntimos también está de moda. Basta con encender la televisión
y sintonizar un reality show como el de Cristina.
"En realidad estamos celebrando el exhibicionismo", comenta la profesora Susannah Stern. "La gente joven no comenzó esto, pero sin duda se lo tomado muy en serio".
Cómo supervisar a tus hijos
Se ha comprobado que vigilar
disimuladamente a los adolescentes es inútil e inadecuado. Además de que es
casi imposible leer las ventanas que ellos abren y cierran con gran rapidez, no
es ético invadir su intimidad. Por ello, los expertos aconsejan tomar las
siguientes medidas para protegerlos sin menoscabar su libertad:
Habla con tu hijo sobre sus actividades en Internet y sobre qué le
interesa en particular. Susannah Stern, experta en cultura juvenil y uso de
Internet de la Universidad
de San Diego, es partidaria de una comunicación sin prejuicios. Si tu hijo está
revelando intimidades en un blog, pregúntale sus motivos para hablar sobre esos
temas. Los adultos deben estar atentos a lo que sus hijos hacen en la Red.
No te concentres sólo en lo negativo. Stern afirma que los
adolescentes no imaginan una existencia sin Internet porque han crecido con las
computadoras y consideran el mundo virtual como una esfera más de la vida
diaria. Muchos padres, en cambio, viven inquietos por las amenazas que plantea
el uso de la Red
y ven a sus hijos como víctimas potenciales de acosadores, charlatanes y otros
delincuentes. Sin embargo, su temor les impide apreciar el valor de Internet
como medio de expresión creativa y autodescubrimiento. Stern ha conocido
muchachos muy tímidos en el trato diario que logran exteriorizar su parte
creativa o reflexiva en páginas web.
Haga lo que haga tu hijo en el ciberespacio, piensa que es una
expresión de lo que ocurre en su vida. Kathleen Gallagher, profesora de la Universidad de Toronto
e investigadora de los juegos de identidad entre adolescentes, afirma que
experimentar con diversas personalidades es parte normal del desarrollo, pero
que, llevado al extremo, este comportamiento implica riesgos, sobre todo en
Internet. Los padres que se preocupan por las actividades de sus hijos en la Red deben reconocer que éstas
tienen un motivo y que los juegos de identidad reflejan lo que sucede en su
vida diaria. "Uno debe preguntarse qué hay detrás de esa conducta",
dice Gallagher. Por ejemplo, ¿los chicos se sienten solos y adoptan otras
personalidades para hacer amigos?
Ayúdalo a reconocer la diferencia entre divulgar un poema y revelar en
un blog sus datos personales: Explícale en qué casos es sensato usar un seudónimo
y recuérdale que el mundo virtual es público y miles de personas pueden leer lo
que cuente.
Adviértele que las fotos, los blogs y los mensajes que envíe al
ciberespacio permanecerán allí y quedarán fuera de su control: Stern señala que esto es algo que la mayoría
de los adolescentes no comprende. Haz que tu hijo imagine cómo se sentiría si,
al buscar empleo dentro de cinco años, le mostraran algo íntimo que publicó en la Red.
Si tu hijo aún es pequeño establece límites. Indícale qué es aceptable y qué no lo es en todas las facetas de la vida y sobre cómo debe tratar a los demás, aconseja Karyn Cordón, terapeuta familiar especializada en adolescentes. Si lo educas de esa forma en cuanto a sus obligaciones en casa, su ropa y su manera de hablar, lo proveerás de recursos para que tome decisiones sensatas en otros ámbitos, entre ellos al navegar en la llamada "aldea global".