miércoles, 07 de enero de 2009
Publicado por PRK @ 11:50  | Libros y música
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Lo sé, lleva tiempo buscándome, por cielo mar y tierra… o algo semejante. Bien, pues hoy es el día, me propongo acudir a la llamada, es al otro lado del continente pero es el momento adecuado sin duda alguna.

No necesité hacer un gran equipaje como algunos hacen, he sabido de quienes cargan consigo, juegos, bolsas y más, pero eso definitivamente me parece un exceso. Lo hice tal como debía ser, sin exageraciones; sólo necesite dejarme ver, colocarme al frente y esperarlo, no tardaría en llegar; quizá el trabajo lo retrasara un poco pero sería puntual y hoy mismo me encontraría listo para partir.

Tome las cosas con calma, hasta el momento siempre ha funcionado. El señor Poborsky llego  a tiempo, lo hizo perfectamente, me compró un bonito y cómodo traje de viaje y el mejor sitio para soportar largas horas de vuelo.

Ya instalado, dormité algunas horas, desconozco cuántas en realidad, Al despertar descubrí a mi lado a un interesante compañero de viaje, por lo que me decidí a entablar conversación. Estirándome un poco por encima de mi sitio, le salude.

-         ¡Buenas tardes!

-         ¡Buenas tardes! –contestó aquel

-         Permítame presentarme, mi nombre es Libro y realizo una importante misión, un viaje cultural podría decirse. ¿Y usted hacia dónde se  dirige?

-         Encantado de conocerlo, me llamo Partitura y vengo de las lejanas tierras de la Patagonia y me dirijo al helado Polo Norte, ¿sabe?

-         ¡Toda una aventura!

-         Sí, es un largo, larguísimo recorrido, pero ya mis hermanos me habían hablado de esto.

-         ¿Eso quiere decir que no es usted el primero en realizar semejante odisea?

-         No, por supuesto, nos dirigimos al hogar de un gran músico, mi señor Toppua Kale,  un experto maestro de las artes sonorîficas.

-         Muy interesante, yo también siento una fascinación muy grande por la música, Padre trabajó con músicos famosísimos, él mismo componía y cantaba algunas veces.

-         Entonces puedo compartirle un poco de mí mismo a su señor padre, si así lo desea.

-         Si eso fuese posible… se lo agradezco enormemente por supuesto, pero Padre falleció hace algunos años. Aun así, creo que le habría encantado.

-         Lo siento mucho.

-         No hay por qué, Padre tuvo una buen vida, a veces le acometían sus momentos grises, solo para alzarse después a un mundo más luminoso, Padre era un gran hombre.

-         Se le escucha a usted muy orgulloso de él.

-         Lo estoy, más aún por realizar este viaje.

-         ¿Hacia dónde se dirige?

-         A un pintoresco lugar enclavado en área azteca.

-         ¡Válgame! ¡Usted se queda prácticamente a la mitad del recorrido mío!

-         Así es, aunque confieso que me agradaría viajar alguna vez, tan al norte como usted, conocer a su señor Toppua y sobretodo: escucharle.

-         ¡Escucharle es un placer!

-         ¡Qué agradable debe ser!

-         Definitivamente –dijo Partitura con un dejo de ensoñación-. Pero me contaba usted, ¿viaja hacia un territorio que le es completamente desconocido? ¿Nadie le ha hablado nunca sobre este sitio?

-         Padre tenía algunos conocimientos acerca del país pero nunca lo visitó.  Por lo que no dispongo  de la información que desearía, una pena.

-         ¿Y llega hasta ese sitio porque lo envían desde uno de esos grandes sitios en donde suelen vivir muchos  como usted?

-         ¿Librerías, mí querido amigo? No, exactamente. Por supuesto fui adquirido en una de ellas, hace tiempo, pero ahora me envía personalmente un amable personaje.

-         Suena interesante, ¿querría contármelo?

-         ¡Encantado! Todo sucedió así: la persona hacia la que me dirijo es admiradora de Padre; y pasó mucho tiempo buscando a mis hermanos en todas las Librerías posibles, aquí y allá… desafortunadamente ya habían dejado el país luego de que nadie mostrara interés en ellos, imaginando un nuevo medio de búsqueda colocó un anuncio que yo encontré tiempo después, y al ver que se nos buscaba desesperadamente no pude más que acudir a la llamada; contacté al señor Pobosrky quien amablemente accedió a pagar mi pasaje, visa y traje, en fin, todo lo necesario para que pudiese llegar sano y salvo a mi destino. He de confesar que me encuentro ansioso ¡ignoro cómo llegar! Pero ya preguntare llegado el momento y no dudo encontrar a algún ser de buena voluntad que me lleve al sitio adecuado, esperar y confiar, dijo el Maestro.

-         ¡Vaya! esa sí que es toda una historia.

-         ¿Y a usted, quién lo envía?

-         Me dirijo a  mi señor Toppua porque su hermano Yakolob quien vive en la Patagonia y tiene un campo lleno de pertonites (un gran sitio) nos crea en sus ratos libres y nos presenta a su hermano.

-         ¿Y a su señor padre no le es difícil vivir tan lejos de su hermano?

-         No realmente, son almas libres, ¿sabe? Les gusta explorar la inmensidad de los cielos, eso les da una inspiración tan grande… cuando mi señor padre contempla los cielos, nacemos nosotros, sus hijos tan adorados, después nos presenta con su hermano, una gran labor digo yo.

-         Sin duda alguna, y dígame, usted ¿regresa más tarde con su señor padre?

-         ¡Oh si!, solo permanecemos una temporada con nuestro señor Toppua, en realidad son como vacaciones.

-         Eso suena bien, pero yo por mi parte, necesitaba estar con alguien, trabajar, de vacaciones ya estaba harto.

 

El ambiente se llenó de murmullos suaves como hojas deslizándose, reíamos a carcajadas; y sin darnos cuenta nos acercamos a un aeropuerto. Del cielo claro y limpio poco quedó, una ciudad se aproximaba.

Pronto comienzan las maniobras de aterrizaje, lentamente se posa la gran ave metálica en el concreto y manos expertas realizan el descenso. Ante la inminente despedida, me dirijo a Partitura.

-         Realmente, me alegro de haberlo conocido señor Partitura, espero algún día encontrarlo nuevamente y conocer a su señor padre.

-         El honor fue mío, y este seguro de que yo a mi vez le hablare a mi señor Toppua de su señor padre, quizá logremos que algún día uno de sus hermanos sea mi compañero hacia las lejanas tierras heladas.

-         ¡Que así sea amigo mío, que sus palabras sean proféticas! Adiós y buen viaje.

-         Buen viaje a usted también.


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