domingo, 11 de mayo de 2008



Extraído de Selecciones Reader’s Digest México. Septiembre 2005.

Por Claudia Kalb.

 

 

¿Roto, herniado o prolapsado?

Los discos intervertebrales son una especie de cojincillos. Cada uno está formado por un anillo de tejido fibroso resistente que contiene un líquido gelatinoso en el centro. En la infancia y la juventud, este líquido hace que los discos se mantengan hidratados y flexibles: la consistencia perfecta para funcionar como amortiguadores de las vértebras. Pero con el paso de los años, el esfuerzo diario de caminar, sentarse y agacharse los va secando hasta dejarlos como uvas pasas. El desgaste debilita la capa fibrosa de los discos, de modo que un giro rápido en una cancha de tenis, por ejemplo –o incluso levantar un portafolios-, puede provocar que el líquido gelatinoso escape a través de la capa. La consecuencia común es un disco herniado, también llamado roto o prolapsado. En ocasiones el daño pasa  inadvertido, pero cuando el disco comprime uno de los dos largos nervios ciáticos, que corren de la médula espinal a las piernas, el dolor puede ser insoportable.

 


No más dolor de espalda

La columna vertebral humana es una maravilla de diseño, pero por desgracia puede ser tremendamente frágil. Las fallas en su funcionamiento llevan a la mayoría de la gente a sufrir la agonía del dolor de espalda. En algún momento de su vida cuatro de cada cinco personas padecerán este trastorno, el cual es una de las principales causas por las que hombres y mujeres acuden al médico.

Cada año, las personas quejadas de dolor de espalda les cuestan a los gobiernos y a las empresas miles de millones de dólares en gastos médicos, pagos por incapacidad y merma en la productividad. Y ese costo no dejará de aumentar mientras siga habiendo gente con sobrepeso, sedentaria y agobiada por el estrés.


Todos los días el dolor de espalda obliga aun sinnúmero de personas, muchas de ellas desesperadas e incluso incapacitadas, a buscar alivio y pronto descubren lo complicado que es su problema: una desconcertante combinación de síntomas físicos y psicológicos. Está comprobado que el dolor de espalda a menudo se cura solo, aunque resulta difícil creerlo cuando uno se está retorciendo sobre el piso de la cocina. Como nadie está dispuesto a aguantar el dolor, las personas, sobre todo las mayores de 50 años, quieren un remedio rápido, y una de sus opciones es la cirugía. La fusión vertebral es el tratamiento quirúrgico más invasivo y costoso, pese a ello, tan sólo en Estados Unidos el número de personas que recurren a él ha aumentado más del doble desde 1993. La discectomía un tratamiento menos invasivo, también lleva al quirófano a muchos estadounidenses: unos 342,000 cada año. Estas operaciones no son aptas para todas las personas, así que los médicos, alarmados por el hecho de que tanta gente parezca dispuesta a que le metan cuchillo, siguen probando métodos más sencillos y eficaces para aliviar el dolor de espalda.

 


El gran misterio del dolor

El dolor de espalda se puede originar en cualquier punto de la compleja arquitectura vertebral. Un trastorno común es la degeneración discal, que en muchos casos produce hernia y compresión de nervios. Son frecuentes también los espasmos causados por lesiones de músculos, tendones y ligamentos, lo cuales son tan dolorosos que llegan a derribar hasta hombre fornidos. El mayor misterio de los padecimientos dorsales es la desconexión que suele existir entre los defectos anatómicos y el dolor. A diferencia de la presión arterial y la concentración de colesterol, que pueden medirse fácilmente con esfigmomanómetros y análisis de sangre, no existe un método objetivo para medir el dolor de espalda. ¿La cantidad de lágrimas? ¿La intensidad de los gestos?


A menudo es imposible precisar la causa del dolor. Se ha observado que una hernia de disco puede tener efectos radicalmente distintos en dos personas: mientras una se pasa los días tomando analgésicos, la otra va por la vida bailando como Fred Astaire.

Unos investigadores sometieron a un estudio de resonancia magnética a 98 personas sanas, y observaron que de dos de cada tres tenían discos intervetebrales anormales, aunque ninguna sentía dolor. Otros investigadores compararon a un grupo de pacientes aquejados de dolor de espalda con un grupo de control que no padecía ese dolor. Cerca de dos tercios de los pacientes del primer grupo tenían fisuras discales –llamadas zonas de alta intensidad (ZAI)-, pero también las presentaban 24 por ciento de los integrantes del otro grupo.


El doctor Eugene Carragee, principal autor de este último estudio y director del Centro Ortopédico de Trastornos Vertebrales de la Universidad Stanford, señala “Lo que queremos saber es por qué algunas personas tienen molestias leves de espalda, y otras, dolores verdaderamente atroces”. El y otros médicos creen que la respuesta tiene que ver tanto con la mente como con el cuerpo.

En el estudio sobre las ZAI, el factor más confiable de predicción del dolor no era la magnitud del daño discal, sino la inestabilidad psicológica del paciente. Desde hace mucho se sabe que la depresión y la ansiedad tienen relación con el dolor. Un estudio canadiense reciente mostró que quienes sufren depresión profunda corren un riesgo cuatro veces mayor de presentar un intenso dolor lumbar o de cuello. Gregory Lutz, fisiatra del Hospital de Cirugía Especial de Nueva Cork, afirma que a menudo atiende a hombres que tienen dos cosas en común: dolor lumbar y una boda inminente. En su opinión, es probable que ya padecieran ese dolor en grado leve, quizá por un disco herniado o generado, pero se les intensifica por el nerviosismo prenupcial.


No sorprende que los doctores cada día se interesen más en la medicina alternativa. El hospital donde trabaja Lutz cuenta con un centro de medicina complementaria al que acuden unos 13,000 pacientes por año, muchos de ellos con trastornos dorsales. Allí consultan a expertos en rehabilitación, masaje terapéutico y quiropráctica; toman clases de yoga y tai chi, y realizan ejercicios para fortalecer los músculos. En suma, recurren a cualquier método no invasivo que les alivie o mitigue el dolor.

Craig Jordan, de 42 años, solía correr 10 kilómetros diarios y se sentía tan fuerte que era capaz de levantar un pesado sillón sin ayuda, por lo que acabó con dos discos herniados. Como muchas otras personas aquejadas de dolor de espalda, recurrió a toda clase de remedios, algunos de ellos disparatados. “Probé la curación por medio de la fe, me colgué del techo, choqué los talones deseando sentir alivio, y mil cosas más”, cuenta.


En la actualidad Jordan se somete con regularidad a sesiones de acupuntura y recibe inyecciones de cortisona tres veces al año para mitigar el dolor. En la primavera de 2004, al sentirse particularmente agobiado por su trastorno, decidió probar la autorregulación fisiológica – o biorretroalimentación-, la conocida técnica de control mental del dolor y otros padecimientos. “No es posible deshacerse del dolor por completo y para siempre”, señala, aunque reconoce que estos tratamientos, junto con algunos analgésicos que toma, le proporcionan cierto alivio. “Uno se acostumbra a vivir con el problema”. Si la actitud del paciente ayuda a mitigar el dolor, ¿podrían los expertos tener más probabilidades de acabar con este suplicio mediante un esfuerzo conjunto más creativo?


Para averiguar esto, el doctor David Eisenberg, director del Instituto Osher de la Facultad de Medicina de la Universidad Harvard, ha puesto en marcha un programa piloto subvencionado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Un grupo de 25 especialistas se reúne con regularidad para enseñarse mutuamente a diagnosticar y tratar el dolor de espalda. Su objetivo es hallar una manera más eficaz, multidisciplinaria y barata de combatir el padecimiento. En el Hospital Brigham y de la Mujer, en Boston, a algunos pacientes se les asigna al azar a un equipo experimental de tratamiento integral en el que se reúnen con un mèdico y con un especialista en medicina complementaria. Los dos expertos después consultan con sus colegas del equipo para formular un plan de tratamiento integral, que puede incluir desde fármacos hasta acupuntura.

 


¿Puede la ira arruinar la espalda?

El doctor John Sarno, profesor de medicina de rehabilitación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva Cork, piensa que casi todos los dolores de espalda son causados por emociones reprimidas. Durante los últimos 30 años, lapso en que los adelantos en las técnicas de imaginología y cirugía han permitido estudiar a fondo la columna vertebral y tratar de mejor sus trastornos, Sarno se ha dedicado a explorar los intricados mecanismos de la mente. En su opinión, la ira y la ansiedad reprimidas – por el divorcio de los padres, un abuso sexual, los problemas laborales, etcétera- perturban el organismo y a la larga se manifiestan en forma de espasmos musculares, disfunción nerviosa, entumecimiento y dolor. A sus pacientes les explica que el primer paso para la recuperación consiste en reconocer la conexión entre la mente y el cuerpo. En una charla de dos horas de duración que sostiene con ellos, les hace preguntas como las siguiente: ¿Cómo fue su infancia?” “ ¿Qué lo hace enojar?”. Entonces les asigna la tarea de elaborar en casa una lista de todas las fuentes de presión existentes en su vida y les pide que realicen diariamente ciertos ejercicios mentales, entre ellos meditar sobre cada uno de los puntos de su lista.


“El cerebro crea el dolor para asegurar que no se exteriorice la ira”, afirma el médico. “Nos protege al proporcionarnos algo físico en lo cual fijar nuestra atención”. Sarno no ha publicado investigaciones formales sobre su teoría de dispone de muchas pruebas científicas que la avalen. Sin embargo, sus pacientes, que según él suman miles, están satisfechos con sus métodos y lo tratan como a un semidiós. Los escépticos dicen que Sarno en realidad utiliza un placebo y no identifica la causa exacta del dolor. Después de tantos siglos de sufrir dolor de espalda, la humanidad ha encontrado por fin un poco de alivio. Pero más importante que el éxito de cualquier tratamiento es sabe4r que tanto médicos como pacientes están adoptando maneras nuevas y más audaces de concebir y manejar esa obra de arte exquisita y a la vez frustrante que es la columna vertebral.

 


Gran avance en la cirugía de columna

El aumento del número de operaciones de columna vertebral se debe en parte a algunos avances técnicos que prometen mejores resultados. El más asombroso de ellos quizá sea el disco Charité, fabricado por DePuy Spine, Inc., de Reynham, Massachussets, que fue aprobado en octubre de 2004 por la Dirección de Alimentos y Medicinas (FDA por sus siglas en inglés) de Estados Unidos para tratar la degeneración discal. El disco, que consta de dos placas metálicas hechas de una aleación de cobalto y cromo y un centro deslizante de plástico especial, permite el movimiento de la columna. Para implantarles esta prótesis, los pacientes deben cumplir un requisito: haber seguido sin éxito algún tratamiento no quirúrgico durante al menos seis meses.

Otros tres fabricantes de discos artificiales esperan obtener aprobación de la FDA en los próximos meses para ponerlos a la venta; al haber más opciones, sin duda aumentará el número de pacientes en busca de tratamiento.

Como parte de un estudio clínico el doctor Jeffrey Goldstein, cirujano de columna del Hospital de Trastornos Articulares de la Universidad de Nueva Cork, ha colocado a decenas de pacientes un artefacto similar: el implante Pro Disc, fabricado por la empresa Spine Solutions, de Nueva Cork. Goldstein considera que estos discos como las prótesis de rótula, ofrecerán más movilidad a los pacientes que la operación de fusión vertebral y, además, les permitirán abandonar la cama mucho más pronto.

“La clave”, señala, “es extremar el cuidado en la selección de los pacientes. No todas las personas que padecen degeneración discal son aptas para recibir estos implantes”.

 


Terapias alternativas

Cada día más personas que sufren dolor de espalda buscan alivio en los tratamientos alternativos.

Quiropráctica: Este método está en auge. Consiste en la manipulación mecánica de la columna vertebral y, en general, los expertos coinciden en que es inofensivo para la región lumbar. Según el doctor Dan Cherkin, del Centro de Estudios sobre la Salud en Seattle, quien realizó una revisión de datos, la quiropráctica proporciona beneficios modestos, equivalentes a los tratamientos ortodoxos.

 

Masaje: Las investigaciones indican que el masaje terapéutico ayuda a aliviar el dolor persistente; en un estudio se observó incluso que los pacientes que recibían masajes tomaban menos fármacos. Steven Smith, fisioterapeuta de Deerfield, Illinois, utiliza el masaje en pacientes aquejados de dolor de espalda para relajar los músculos tensos y aumentar el flujo de sangre, aunque advierte que no es como en un spa. “Hay que aplicar mucha presión para eliminar los espasmos”, afirma.

 

Acupuntura: Este antiguo método curativo goza de aceptación aun entre los médicos. Consiste en la inserción superficial de agujas en puntos específicos del cuerpo, lo que, al parecer, estimula la liberación de endorfinas, sustancias que producen una sensación de bienestar. Al decir del doctor Jeffrey Ngeow, del Centro de Terapia Integral de Nueva Cork, la acupuntura tiene un efecto acumulativo: las personas que se someten a ella experimientan una euforia prolongada, padezcan o no dolores lumbares. El doctor Chjerkin está realizando el primer estudio clínco exhaustivo sobre esta práctica.

 

 

 

 


Tags: dolor, espalda

Publicado por PRK @ 18:42  | Psicologia
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Comentarios
Que interesante articulo, gracias por compartir informaciones...
Publicado por Invitado
martes, 10 de junio de 2008 | 3:17
Me alegra que el articulo sea de utilidad a mas personas
Publicado por PRK
martes, 10 de junio de 2008 | 20:45