Gyges era un pastor del Rey de Lidia y un día mientras apacentaba sus rebaños, se desato una tormenta seguida de violentas sacudidas, la tierra se hendió en el preciso lugar en que Gyges apacentaba los rebaños. Atónito de pasmo ante semejante cosa, Gyges bajo por aquella abertura y vio entre muchas cosas sorprendentes, un caballo de bronce en cuyos flancos se abrían unas puertecillas y como Gyges introdujese por ellas la cabeza para ver lo que había dentro del caballo, vio un cadáver de estatura superior a la humana.