miércoles, 05 de diciembre de 2007
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Las creencias, actitudes y otras variables, son motivadores importantes del comportamiento una vez que la persona las ha adquirido Las personas, con el paso del tiempo, presentan comportamientos diferentes; sin embargo, algunas de esas creencias y actitudes parecen permanecer iguales durante años y, a la postre, proporcionan coherencia y predictibilidad a muchas de esas conducías. Estos términos se han utilizado de modo profuso, tan libremente con la cualidad de real, que algunas veces puede que hayamos olvidado que son entidades abstractas, muy difíciles de captar y que no pueden observar directamente, aunque sí inferirse. De hecho, las dos grandes dificultades que encontramos cuando referimos a estos constructos son: I) el problema conceptual de la definición, y 2) el problema de operativizarlos o medirlos (Greene y Simons-Morton 1988).

Cada una de estas variables tiene características definitorias aunque algunas tienen cualidades en común, provocando confusión entre los profesionales de la salud que usan muchas veces términos sinónimos para referirse a entidades de naturaleza totalmente distinta. Por ello, debemos hacer un esfuerzo por definir y aclarar la naturaleza de éstas, en nuestro caso, las creencias y las actitudes, pues ambas intervienen en las conductas de salud de los individuos.

Green et .al. (1980) definieron una creencia como: "Una convicción de que el fenómeno u objeto es real o verdadero: la fe, la confianza y verdad son palabras que se usan para expresar o significar creencia-. Las declaraciones de creencias orientadas hacia la salud incluyen declaraciones como: “yo no creo que los medicamentos funcionen; si esta dieta no le surte efecto, estoy seguro de que no funcionará conmigo; el ejercicio no hará diferencia alguna; cuando te llega la hora, te llegó y no hay nada que hacer al respecto” (p72). Esto es, una creencia es algo que se acepta como verdad, sin tomar en consideración si en realidad es o no verdad en términos objetivos.

Las creencias tienen al menos tres características que las definen como tales (Greene y Simons-Morton, 1988). Primero, otras personas pueden clasificarlas de falsas o verdaderas, al margen del valor de certeza que les otorga el que las posee Por ejemplo, una persona puede manifestar que la marihuana es inocua para la salud, pero para la mayoría de los profesionales de la salud sería totalmente erróneo. Segundo, las creencias tienen un elemento cognoscitivo, o lo que la persona sabe o cree saber al respecto. Tercero, las creencias tienen un componente afectivo, que hace referencia al valor o agrado de importancia que tiene una determinada creencia para un individuo en una situación dada (grado de importancia de la creencia particular a lo apropiada que le parezca a un individuo —la intensidad de una creencia—). Por ejemplo, alguien puede tener un dolor de garganta y creer que se cura más rápidamente con antibióticos; sin embargo, es posible que piense que no vale la pena interrumpir su trabajo para ir al médico, pero cuando le sucede lo mismo a su hijo su comportamiento cambia radicalmente, no dudando un instante de si va al médico o no. De hecho, algunos autores (uno de ellos, Rokeach, 1970) sugieren que las creencias de una persona se estructuran de modo ordenado según su importancia relativa.

Una de las definiciones que se propusieron para actitud es la de: "una organización de creencias relativamente perdurable sobre un objeto o situación que nos predispone a responder de alguna manera preferencial" (Rokeach, I 966, p. 529). De acuerdo con éste planteamiento, las actitudes consisten en una serie de creencias que interactúan
con otras predisponiéndonos a aduar o responder a alguna situación de manera
predecible..

El modelo de creencias sobre la salud (MCS)
Este modelo propone la explicación del comportamiento protector/preventivo centrándose en variables psicosociales, sobre la base de un cuerpo de teorías psicológicas bien establecidas como la teoría del campo social de Lewin, la teoría de "expectativa de valor" o del "valor esperado" y las teorías sobre "toma de decisiones en condiciones de incertidumbre" (Maiman & Becker. 1974; Becker y Maiman 1982).

El MCS se desarrolló para explicar y predecir las conductas de salud preventivas, tales como inmunización, participación en screenings, etc (Rosenstock-Kirscht, 1979). La hipótesis original es la de que una persona no llevara a cabo un comportamiento de salud (de prevención, de participación, de cumplimiento o rehabilitación) a menos que tenga unos niveles mínimos de motivación e información relevantes sobre la salud, se vea así mismo como potencialmente vulnerable y vea la condición (la enfermedades cuestión) como amenazante, este convencido de la eficacia de la intervención y vea pocas dificultades en la puesta en practica de la conducta de salud (Rosenstock, 1974).

Por supuesto, en el marco del MCS se entiende que los factores demográficos, personales, estructurales y sociales pueden influir en las conductas de salud; sin embargo se considera que estas variables trabajan a través de sus efectos sobre las creencias de salud d el apersona mas que como causas directas de las acciones saludables (Becker., et al., 1977; Becker y Maiman, 1982)

Nadie niega la dificultad de modificar las creencias que explican los comportamientos de salud y, por supuesto, las actitudes, pero el panorama actual es bien distinto del de otros momentos. Hace un siglo, la gente enfermaba a causa de la carencia de agua potable, el consumo de alimentos contaminados o el contacto con otras personas enfermas. Una vez que ellos enfermaban, basaban sus expectativas de curación en los cuidados médicos. La duración de la mayoría de las enfermedades era más bien corta (neumonía, difteria); una persona moría o se curaba en cuestión de semanas. La gente sentía una responsabilidad muy limitada a contraer una enfermedad porque creían que era imposible evitar las bacterias y los virus que causaban la mayoría de las enfermedades. Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo XX, tal punto de vista ha quedado obsoleto (Brannon y Feist, 1992)

Todavía se puede apreciar que mucha gente mantiene una actitud pasiva hacia su salud y enfermedad. Como consecuencia de ello, esos individuos presentan sobrepeso, fuman, abusan del alcohol, no hacen ejercicio con regularidad y evitan los chequeos. (reconocimientos médicos). Acuden única y exclusivamente al médico cuando se sienten enfermos, depositando todas sus esperanzas de curación en manos de la medicina moderna, que les curará en cuestión de horas. No obstante, se aprecia que cada vez son más las personas que adoptan una actitud activa respecto a su salud, reflejándose ello en la práctica de estilos de vida saludables. Ellos se implican activa y responsablemente con estilos de vida que mejoran o mantienen su salud. Han hecho cambios relacionados con su salud que se traducirán en una reducción del riesgo de morir, un incremento en la expectativa de vida y una- adecuada calidad de vida. Por ejemplo, de 1965 a 1987 más de 30 millones de personas han dejado de fumar en EU (Fiore, Novotny, Pierce et al., 1989)

Si bien los profesionales de la salud deben poner gran interés para facilitar el cambio a comportamientos de salud concretos a largo plazo, no deben olvidar las creencias y-actitudes que explican los comportamientos de salud, así como otro tipo de variables internas, que radican en la persona y que también han sido adquiridas mediante el aprendizaje, que muchas veces debe anteponerse su cambio a los comportamientos meramente observables para que finalmente se produzcan los mismos. El modelo de la salud basado en creencias (Becker y Maiman, 1975) propone cuatro categorías de creencias (seriedad percibida, susceptibilidad percibida, beneficios percibidos y barreras percibidas) que deben ser el eje de la prevención y promoción de comportamientos de salud.

Naturalmente, el MCS nene sus limitaciones. Sobre todo, para que sea útil deben tomarse en consideración todos los factores y, muy a menudo. Sólo la interacción entre ellos permite predecir la conducta de salud, por otro lado, la mayoría de los estudios sobre la eficacia explicativa del MCS son retrospectivos, y, por tanto, resulta imposible determinar, a partir de ellos, si la creencia de salud existía antes o se genero después de la realización de la conducta de salud estudiada Sin embarco, la hipótesis de que la conducta de salud está determinada por una constelación de creencias sólo puede ser comprobada adecuadamente cuando se sabe que las creencias existían antes de la conducta que se supone que determinan. Finalmente, el MCS parece apropiado como. modelo explicativo de la conducta preventiva, pero inapropiado para explicar conductas de promoción, de salud,

Tags: actitudes, creencias y salud

Publicado por PRK @ 14:45  | Psicologia
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