Del árbol de la vida
caen las hojas.
Una tras otra.
¡Oh, mundo multicolor y vacilante!
¡Cómo sacias y fatigas,
cómo embriagas!
Perderé pronto aquello que hoy aún brilla.
El viento silbará sobre mi oscura tumba.
La madre se inclina sobre el niño.
Quiero ver sus ojos de nuevo,
su mirada es mi estrella.
Todo lo demás puede irse,
desvanecerse.
Todo muere,
y muere de buen grado.
Queda, sólo, la eterna madre,
nuestro origen.
Sus dedos juguetones escriben,
en el aire,
nuestro nombre. Fugaz.